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Vol. 28. Núm. 5.
Páginas 435 (Septiembre - Octubre 2014)
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In memoriam
DOI: 10.1016/j.gaceta.2014.04.008
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Ignasi Balaguer-Vintró (25/5/1925-20/3/2014)
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Susana Sans
Direcció General de Planificació i Recerca, Generalitat de Catalunya, Barcelona, España
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Definir a Ignasi Balaguer Vintró como un cardiólogo convertido en epidemiólogo sería equívoco, ya que compaginó ambas funciones, al igual que hicieron otros ilustres pioneros de la epidemiología de las enfermedades no transmisibles, algunos de ellos congéneres suyos, como Paul Dudley White, Jeremiah Stamler, Ancel Keys, Henry Blackburn o Geoffrey Rose, cuyas importantes contribuciones epidemiológicas al conocimiento etiológico de la cardiopatía coronaria se basaban tanto en una sólida experiencia clínica e interés en el paciente como en la visión comunitaria y poblacional de la salud pública.

Formado en la Escuela de Cardiología del Hospital Clínico de la Universidad de Barcelona, dirigida por Gibert Queraltó, ya en 1959 mostró su interés por la epidemiología en un artículo en francés sobre la frecuencia de la cardiopatía coronaria en España (Gibert-QueraltóJ, Balaguer-Vintró I. Acta Cardiol Suppl. 1959;8:70-8).

Una vez formado, ingresó en la antigua AISNA (Administración Institucional de la Sanidad NAcional) como cardiólogo de la «Lucha contra las enfermedades reumáticas», establecida en 1944 en la Ley de bases de Sanidad. Acorde con la transición epidemiológica de las enfermedades cardíacas reumáticas a la incipiente epidemia de la cardiopatía isquémica en nuestro país, pronto se interesó por la arterioesclerosis y sus posibles causas lipídicas. Con la introducción en España del cateterismo cardíaco, que fue de los primeros en utilizar junto con Miquel Torner Soler, el Centro de Lucha contra las Cardiopatías de Sanidad, que se ubicaba en unas oficinas de Sanidad del puerto de Barcelona, se trasladó a la Escuela de Cardiología del Hospital de la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona. Allí tuvo como alumno a Luis Tomás Abadal, médico de empresa con quien en 1968 iniciaría el primer estudio prospectivo español sobre la cardiopatía isquémica, conocido con el nombre de «estudio de Manresa», sin duda estimulado para suplir la carencia de que Ancel Keys, en su día, no hubiera podido incluir, a su pesar, ningún centro español en el «Estudio de siete países».

En 1975 participó en el estudio de prevención multifactorial de la cardiopatía isquémica liderado por Geoffrey Rose, con el que algunos miembros de la nueva generación de epidemiólogos tuvimos la suerte de iniciarnos. Debemos, pues, al Dr. Ignasi Balaguer y a ese estudio buena parte de la favorable influencia del Profesor Geoffrey Rose sobre la epidemiología española. Participó también simultáneamente en un tercer estudio sobre hipertensión arterial en otra cohorte laboral. En esta época fundó la Sección de Cardiología Preventiva de la Sociedad Española de Cardiología, sociedad de la que fue su presidente de 1977 a 1979. Su experiencia al frente de dicha sociedad científica y sus consejos fueron muy útiles en el desarrollo de los primeros años de la Sociedad Española de Epidemiología. Basándose en esos conocimientos profesionales, el Conseller Dr. Josep Laporte le propuso iniciar en 1981 un programa de prevención de enfermedades crónicas en población general en una área geográfica piloto, el «Programa CRONICAT», el cual más tarde permitiría participar en el estudio MONICA de la Organización Mundial de la Salud iniciado en 1983. Al extinguirse la AISNA pasó a formar parte del Cuerpo de Salud Pública de la Generalitat, lo que compaginó con la práctica clínica.

Fue Profesor de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Barcelona, y sirva como ilustración de su capacidad para generar vocaciones en el ámbito de la epidemiología cardiovascular la organización de un Seminario de 10 días en colaboración con el Ministerio de Sanidad y la Federación Internacional de Cardiología en El Paular, en 1985. Este seminario serviría de lanzamiento para algunos de los que hoy son coordinadores de grupos de epidemiología cardiovascular de nuestro país y de Latinoamérica. Con él organizamos también la primera conferencia de consenso para el control de la hipercolesterolemia, auspiciada por el Ministerio de Sanidad en 1989, que puso de nuevo de manifiesto su capacidad de aunar los intereses clínicos con los de la salud pública. En su última etapa profesional se interesó por la salud global y fue coautor de un libro sobre las enfermedades cardiovasculares y la cardiología en el mundo, con especial atención a los países en desarrollo.

Resultó admirable su perseverancia para conseguir los recursos imprescindibles para llevar adelante los diversos proyectos mencionados, y también su paciencia con las generaciones más jóvenes que reivindicaban más ambiciones que las que el contexto histórico permitía, o su persistencia para sortear las múltiples trabas burocráticas que obstaculizaban, en su ignorancia, la práctica científica o la acción interinstitucional. Paciencia, firmeza y al mismo tiempo afabilidad que, sin duda, tenían mucho que ver con su experiencia como padre de seis hijos y sus convicciones cristianas. Además, las responsabilidades familiares y profesionales no le impidieron cultivar su gran afición por la historia, derivada de su curiosidad innata, a la que una vez jubilado se dedicaría intensamente.

De apariencia habitual seria y reservada, experimentaba una explosión de júbilo y entusiasmo ante las personas y las cuestiones que suscitaban su interés y pasión; alegría que a menudo manifestaba susurrando melodías al llegar al trabajo por las mañanas. Como buen seguidor de la dieta mediterránea supo llevar sus conocimientos científicos a la práctica, dedicando parte de sus horas libres al cultivo de su propio huerto.

Su papel como pionero de la epidemiología en nuestro país y sus cualidades humanas y profesionales han merecido reconocimiento internacional, como prueban los múltiples testimonios de condolencia que nos llegan. Su figura integradora y constructiva debería ser una fuente de inspiración para las generaciones jóvenes de epidemiólogos y salubristas de nuestro país.

Descanse en paz.

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