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Vol. 32. Núm. S1.
Salud comunitaria y administración local
Páginas 13-16 (Octubre 2018)
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Vol. 32. Núm. S1.
Salud comunitaria y administración local
Páginas 13-16 (Octubre 2018)
Informe SESPAS 2018
DOI: 10.1016/j.gaceta.2018.06.009
Open Access
¿Qué sabrá una bata de comunidades? Diálogos sobre salud comunitaria y sus múltiples conjugaciones. Informe SESPAS 2018
What would a person in a medical uniform know about communities? Dialogue on community health and its many varied forms. SESPAS Report 2018
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Beatriz Aragón Martína,
Autor para correspondencia
aragon.be@gmail.com

Autora para correspondencia.
, Elena Ruiz Peraltab, Daniel García Blancoc, Ruth Caravantes Vidrialesd
a Equipo de Intervención con Población Excluida, Servicio Madrileño de Salud, Madrid, España
b Tragsatec, Área de Promoción de la Salud, Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Madrid, España
c ATD Cuarto Mundo España, Madrid, España
d Comunidades Activas en Salud, Madrid, España
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Resumen

Los términos «comunidad» y «salud comunitaria» cada vez son más utilizados en diferentes ámbitos. Entendemos que es importante explorar las diversas cuestiones que se relacionan con ellos para analizar mejor cuál puede ser nuestro papel como profesionales y avanzar en esta línea. En este diálogo abordamos las relaciones de lo comunitario con diferentes elementos, como por ejemplo el territorio, que provoca el encuentro entre diferentes grupos y colectivos al mismo tiempo que potencia dinámicas identitarias que pueden llegar a ser excluyentes. En este sentido, las prácticas en torno a la identificación y la construcción de lo común, como punto de encuentro abierto e integrador, pueden ser un medio interesante para abordar esta cuestión. Las relaciones que se establecen con el resto de los miembros de la comunidad son también importantes y se señala el peligro de reproducir estas relaciones jerárquicas que limiten el recorrido de las prácticas comunitarias. Así, se propone establecer un diálogo con las personas y los grupos que conforman la comunidad, que se atreva a renombrar colectivamente la realidad común que se vive y se quiere transformar. Por último, reflexionamos sobre los roles profesionales, así como sobre las implicaciones sociopolíticas de los diferentes enfoques de la salud comunitaria que conviven en la actualidad.

Palabras clave:
Comunidad
Redes comunitarias
Salud comunitaria
Desarrollo comunitario
Abstract

Terms such as community or community health are used more and more frequently and in multiple contexts. As healthcare workers, we acknowledge the need to reflect upon these concepts in order to shed light on the different meanings we bestow on community health. This dialogue approaches the notion of the community examining its relationships with other notions; for example, we examine how the notion of territory could trigger both communitarian networks and exclusionary practices. On the other hand, the practices that identify and help in building what is “communal” are perceived as more inclusive and as a starting point to think about what communities mean. Far from a naive vision of the community as a non-hierarchical structure, this dialogue exposes the risks of reproducing inequalities within the communities we work with. Therefore, we propose maintaining an active dialogue within the communities to collectively rename the real experienced conditions that need to be transformed. Finally, this dialogue reflects upon the professional roles arising from the different approaches to community health and the sociopolitical implications that this diversity entails.

Keywords:
Community
Community networks
Community health
Community development
Texto completo
Introducción

Este diálogo es una ficción que refleja diversas conversaciones de las personas autoras, entre ellas y con otras del ámbito sanitario. Los espacios formativos en los que hemos tratado el tema son el curso ¿Salud pública para todas? Prácticas interdisciplinares de promoción de la salud, en la Escuela de Menorca de Salud Pública de 2017, y Construir salud desde los márgenes, del programa formativo de MadridSalud 2017. Revisitamos las definiciones de comunidad; nos preguntamos de quiénes parten, cómo se delimitan y a qué tipo de salud comunitaria apuntan, para que así afloren sus potencialidades y problemas. Hacemos hincapié, más que en el antagonismo de opiniones, en las fértiles contradicciones que se producen cuando abordamos la salud comunitaria.

Las protagonistas de este diálogo son cuatro batas de cuatro colores. En ellas se desdibujan las identidades para poder reconocernos en distintas voces en torno a lo comunitario. Elegimos las batas como objetos «polémicos» que representan a nuestros roles profesionales. Os invitamos a pensarlas a caballo entre una segunda piel social1 que nos estructura y un uniforme potencialmente prescindible o modificable. Los cuatro colores muestran diversas actitudes con las que nos hemos aproximado a este tema. La bata amarilla es la optimista, la que se centra en las potencialidades. La bata verde es la creativa, el pensamiento lateral, la de las propuestas ingeniosas. La bata gris es analítica y también aporta crítica, es la que ve los posibles fallos, peligros, errores y límites. Y la bata roja, por último, habla desde la emoción, los sentimientos y las intuiciones.

Se abre el telón. En un perchero cuelgan tres batas: una roja, otra amarilla y otra gris. Se ve una mano alargar una cuarta bata verde hasta el último gancho.

Bata verde: Buenas.

Demás: Buenas.

Bata verde: ¿Cómo va la mañana? Hoy vengo con un buen tema de conversación, una rallada de enjundia, un melocotonazo... ¿Qué es la comunidad?

Bata gris: ¡Vaya preguntitas desde tan temprano!

Bata verde: ¡Ea! Ya sabes que siempre nos emperchan sus más oscuras cavilaciones.

Bata gris: Cuestión de mirar en el diccionario.

Con las mismas saca de su bolsillo un diccionario María Moliner.

Bata gris: Sonará a chiste, pero la primera definición es «circunstancia de ser tenido en común», así, sin más. Y luego sigue con ocho acepciones: que si «conjunto de personas», «conjunto de naciones»… hasta llegar a los levantamientos populares, sobre todo los de Castilla en tiempos de Carlos…

Ahí Bata roja se sonroja.

Bata verde: Pues me he quedado igual que estaba.

Definiendo comunidad

Bata roja: Así, a bote pronto, no se me ocurre una definición genial, pero a mí «comunidad» me evoca sentimientos agradables ante el individualismo imperante2.

Bata verde: Bien, bien, ¿por qué no tiramos de ese hilo? ¿Por qué no nos preguntamos de qué comunidades formamos parte?

Agarra un papelógrafo y saca bolígrafos de colores, mientras Bata amarilla, tan optimista siempre, le celebra la idea y anima al resto.

Finalmente se forma un buen revuelo de mangas y colores del que resulta la figura 1.

Figura 1.

El papelógrafo «comunitario» de las batas.

(0,32MB).

Ante el panel dadaísta, Bata gris se ofusca y dice de manera fúnebre:

Bata gris: Esto no puede estar más enmarañado, ¡no es representativo de nada!

Bata verde toma aire e intenta continuar con la conversación:

Bata verde: Pues, por lo que ha salido, parece que lo comunitario son muchas cosas: vínculos y sentimientos de pertenencia, identidades compartidas, prácticas comunes, necesidades, redes de apoyo…3 Parece que lo que genera comunidad es lo que compartes; por ejemplo, un territorio… ¿Pero es el territorio condición necesaria? ¿Podría ser un territorio virtual?

Bata amarilla: A mí la idea del territorio me gusta porque estamos hablando de una materialidad, que es precisa para sostener la vida, además de lo emocional y los vínculos. ¡Como en los barrios de toda la vida!

Bata gris: A mí el término «comunidad» como que me chirría, y ahora que lo relaciono con el territorio y con identidades, pues todavía más. Es que me parece un término potencialmente excluyente, porque dependiendo de quién y desde dónde defina la comunidad puede dejar determinadas realidades fuera.

Bata roja: Pues yo soy de barrio y defiendo el «barrionalismo» al 100%4. Yo quiero transformar globalmente, pero he de empezar desde lo mío, y mi barrio me ayuda a materializar la transformación.

Bata gris: Creo que lo que sientes no es solo por el territorio. De sobra sabemos que los mapas, la mayoría de las veces, obvian los vínculos e imponen desde fuera límites artificiosos. Mira la historia del continente africano...

Bata amarilla: Pues yo veo algo bueno en eso del territorio: el poder y tener que relacionarte con gente diversa y no quedarte en tu propia burbuja, solo con tu gente afín.

Bata gris: Perdona, pero creo que tendemos a una visión muy romántica de la comunidad, a obviar que en ella también existen jerarquías y controles internos. Es sobre ese tendón de Aquiles sobre el que han surgido los Estados y los mercados. Y tampoco deberíamos olvidar, insisto, que precisamente estos han hecho estallar las comunidades en fragmentos desunidos y desperdigados por clases, géneros, procedencias…4

Transitando de la comunidad a lo común

Bata verde: Oye, esto de la comunidad no es fácil de abordar, parece que hay veces que se articula en el territorio y otras veces no. ¿Y si en vez de comunidad habláramos de lo común? Lo que se comparte, lo que permite sostener la vida… Si comunidad nos parece que cierra, lo común es un punto de encuentro que nos abre nuevos caminos. ¿Y si hablamos de vincularnos, de compartirnos, de relacionarnos?5

Bata amarilla: ¡Claro! Lo común no te lleva a un grupo cerrado, ¿no? Puede ser un lugar de paso. O sea, alguien puede compartir algo contigo y también puede compartir otro común con otra gente. Yo lo veo muy claro en el movimiento feminista.

Y bata amarilla colocó sus gafas moradas6 dentro del bolsillo mientras hablaba.

Bata verde: Sí, yo le veo más sentido a hablar de común que de comunidad, a identificar aquellos comunes que sostienen nuestras vidas. Conocernos y reconocer lo que nos ayuda a seguir tejiendo lo comunitario para que sea inclusivo y equitativo7.

Bata amarilla: Me gusta que no sea un término estático. Y que remita a la experiencia. Reconocer, compartir, vincular…8

Bata gris: Con esto que estáis diciendo ponéis en cuestión el concepto mismo de comunidad. Y en torno a este término hay mucho y muy interesante escrito9.

Bata verde: Pero es que la gente de a pie habla de su barrio, no de su comunidad… Mientras tanto, desde la visión profesional no se le da ese carácter dinámico e inclusivo, no se emplea necesariamente en el sentido de lo común, sino que se utiliza más como sinónimo de población10.

Bata roja: ¡Pero eso es etiquetar!

Bata amarilla: ¡Vaya! Pues yo sí le encuentro sentido a hablar de comunidad y de salud comunitaria. Nos ayuda a plantear una mirada diferente frente al reduccionismo biomédico, invita a mirar hacia fuera, a construir salud con otras personas, porque es evidente que desde las consultas no tenemos todas las respuestas. Puede resituar los problemas en el contexto social donde se producen, y también ayudar a generar soluciones11.

Reinventarnos en lo comunitario

Bata roja: ¿Y no os pasa a vosotras que, al tratar de aterrizar ese discurso allí donde trabajáis, os cuesta conectar con esa comunidad? Yo la verdad es que me siento foránea en la zona donde trabajo porque no vivo allí, porque no comparto la misma situación socioeconómica....

Bata verde: Sin embargo, sí compartes en tanto que trabajas en el barrio. Conoces de otra manera, pero formas parte de él, y te importa lo que ocurre a la gente y las relaciones que tienes allí.

Bata roja: Sí, eso es verdad. Porque a lo mejor yo no estoy sufriendo que me quiten la luz, pero desde luego eso me parece un problema social, de salud o como lo quieras llamar, y me afecta. Me afecta que le ocurra a alguien que conozco, y me afecta vivir en una sociedad en la que esto ocurre. Mirándolo así, me ayuda a vincularme donde trabajo, a recolocarme en una postura menos defensiva, menos encerrada en mí.

Bata verde: Y desde el centro de salud también generamos vínculos. Cuando facilitamos que un grupo de vecinas que quiere hablar sobre violencia de género pueda reunirse en él, por ejemplo, lo transformamos en un común más. Luego, cuando esas mujeres defienden la sanidad pública, están luchando por la accesibilidad a la sanidad para todas, pero también por su espacio de encuentro.

Bata amarilla: ¡Sí! Además es la oportunidad de «engancharnos» con otra gente, no solo para poder contar nosotras, que es lo que solemos hacer habitualmente, sino para escuchar y desde ahí ver qué construimos con otras y qué es lo que podemos aportar desde «lo profesional».

Bata gris: Sí, todo eso es muy bonito, pero no es nada fácil escuchar lo que de verdad te están diciendo. Desde el mundo sanitario tenemos un discurso y una legitimidad que hace que al abrirnos a lo social muchas veces terminemos colonizándolo. Nos cuesta mucho estar en una actitud de escucha, de no capitanear, de hacernos permeables al lenguaje de las demás personas.

Bata verde: Por eso creo que deberíamos dejar de utilizar los términos que nos resultan cómodos y escuchar lo que nos dice la gente, aprender de cómo nombran el mundo y cómo lo viven. Atrevernos a provocar con nuevos enunciados al tiempo que vamos donde está la gente y nos ponemos a su lado.

Bata roja: Yo estoy harta de que me digan que vamos a hacer salud comunitaria y luego me lleven a grupos de tabaco. Sin embargo, cuando hay un desahucio en el barrio, nunca me llaman.

Bata amarilla: Pues yo me alegro de que a veces nos dejen colgadas. Me quedo tan ricamente, porque a veces siento que intimido, que inhibo a la gente para expresar sus opiniones.

Bata roja: A mí me da miedo que esto de lo comunitario se emplee para despolitizar la medicina social, como un comodín, una palabra hueca, o peor aún, como una engañifa, haciendo creer a la gente que se la tiene en cuenta para luego no comprometernos con sus vidas. Necesitamos una salud comunitaria que se rebele contra las injusticias sociales y apueste por la soberanía en salud desde lo común.

Bata verde: De hecho, hay gente que ya desde hace muchos años ha advertido contra el riesgo de profesionalizar, institucionalizar y despolitizar la salud; el grupo promotor de la Carta de Otawa, sin ir más lejos12.

Conclusión

Bata verde: Pues ha dado mucho de sí el tema. Cada vez veo más imprescindible abordar la salud desde lo comunitario si queremos apostar por otros modelos de salud socialmente más equitativos y emancipadores. Y a la vez es desafiante, porque como diría Jennie Popay, esto no va de estilos de vida, va del apoderamiento (y no tanto de empoderamiento, como nos recuerda Chapela13) de las comunidades para controlar las decisiones, propias y ajenas, que afectan a su salud14.

Cae el telón. (¿Continuamos?)

Puntos clave

  • Hay consenso en las potencialidades de hablar de comunidad para referirnos a lo común, lo que nos afecta como conjunto, siendo conscientes de la capacidad de exclusión que el término «comunidad» conlleva.

  • Vemos potencialidades en la vinculación de las comunidades a los territorios siempre que la enunciación de esas comunidades venga de las propias personas que forman parte de ellas. La comunidad es el territorio, pero no solo el territorio, igual que la comunidad es la población pero no solo la población.

  • Hablar de comunidad en entornos sanitarios puede ayudarnos a ir más allá de un enfoque reduccionista biomédico y enfocar la intencionalidad del trabajo comunitario para contribuir a generar entornos y relaciones equitativas.

  • Vemos el peligro que tiene usar la comunidad y lo comunitario como términos vacíos de significado que sirvan para fracturar los movimientos sociales y despolitizar.

  • Hablar de comunidad puede ser útil en determinados contextos, pero no hay que encerrarse en ella, sino que hay que mantener un diálogo abierto con el resto de agentes sociales y poblacionales con el fin de encontrar las mejores maneras para nombrar la realidad y movilizar en torno a ella al máximo número de personas y colectivos.

Contribuciones de autoría

E. Ruiz Peralta ha contribuido en la concepción y el diseño del diálogo, la transcripción, la organización temática y la realización del primer y del segundo manuscritos. B. Aragón Martín ha contribuido en la concepción y el diseño del diálogo, la transcripción, la organización temática y la edición del primer y del segundo manuscritos. D. García Blanco ha contribuido en la concepción y el diseño del diálogo, y en la edición del primer y del segundo manuscritos. R. Caravantes Vidriales ha contribuido en la concepción y el diseño del diálogo.

Financiación

Ninguna.

Conflictos de intereses

Ninguno.

Bibliografía
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The mindful body: a prolegomenon to future work in medical anthropology.
Med Anthropol Q., 1 (1987), pp. 6-41
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Madrilonia. La carta de los comunes. Para el cuidado y disfrute de todos. Madrid: Traficantes de Sueños; 2011. 69 p. (Consultado el 28/4/2018.) Disponible en: https://www.traficantes.net/libros/la-carta-de-los-comunes
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Fernández-Savater A. Reabrir la cuestión revolucionaria (lectura del Comité Invisible). Madrid: Eldiario.es. 23 de enero de 2015. (Consultado el 28/4/2018.) Disponible en: http://www.eldiario.es/interferencias/comite_invisible-revolucion_6_348975119.html
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Amorrortu, (2003), pp. 214
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Apuntes, esquemas y ejemplos de participación comunitaria en la salud.
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[12]
Chapela-Mendoza MC. 25 años de la Carta de Ottawa. En: Canal DJ, Arroyo H. La promoción de la salud, 25 años después - Promotion health, 25 years after. Gerona: Documenta Universitaria; 2012. p. 51-97.
[13]
M.C. Chapela-Mendoza.
Promoción de la salud: un instrumento del poder y una alternativa emancipatoria.
Temas y desafíos en salud colectiva., pp. 347-373
[14]
Popay J. Minuto experto 89 - Desigualdades en salud. Granada: Escuela Andaluza de Salud Pública; 2017. (Consultado el 28/4/2018.) Disponible en: https://www.easp.es/project/jennie-popay/
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