Cada vez se llevan a cabo más actuaciones de medicina clínica con fines preventivos, como parte de los programas comunitarios de prevención secundaria, pero también de muchas actividades clínicas. Sin embargo, se dispone de pocas evaluaciones de actividades preventivas y de promoción de la salud, y en general sólo valoran aspectos de eficacia/efectividad, con poca consideración del coste y el coste-efectividad y menos de los aspectos éticos, legales, sociales u organizativos. Dado el interés creciente por evaluar este tipo de intervenciones desde diferentes perspectivas, la evaluación de tecnologías sanitarias se postula como una estrategia de análisis multidisciplinario que con diferentes enfoques metodológicos puede ser útil a las administraciones sanitarias y a los decisores para la toma de decisiones a diferentes niveles (micro, meso y macro). Se presentan aquellas características y aspectos diferenciales relacionados con la evaluación de las actividades preventivas y de promoción de la salud. Esto conlleva limitaciones, dificultades y desafíos importantes que deberían considerarse durante el proceso de evaluación de tecnologías sanitarias. En el caso de la salud pública hay retos adicionales, puesto que la evidencia debe satisfacer a una audiencia diversa, que incluye profesionales de la salud pública, clínicos, políticos, gestores, economistas y consumidores. El reto es aún mayor cuando se trata de evaluar intervenciones comunitarias complejas e integradas, en las cuales los aspectos locales y contextuales tienen una relevancia enorme. Además, la valoración de los aspectos éticos cobra suma importancia puesto que su origen corresponde a los servicios sanitarios y se dirigen a poblaciones mayoritariamente sanas.